domingo, 5 de junio de 2011

ANTES DE PARTIR




El domingo antes de partir
el ambiente se tantea silente, calmo…
en todo momento recordando el cielo nocturno
de las noches anteriores,
esos cielos de simposio
con olor a café barato
exponiendo temas contingentes y nada más trivial
como la sazón de óxidos para el otoño
que nos pisa la cola.

El domingo antes de partir
piensas armar tus maletas para el Viaje
pero te quedas ahí, sumido en el concepto,
taciturno como el Día de siesta
con su brazo colgando cama abajo no por cansancio;
se ha quedado pensando en regar
con sudor, sangre y flemas
el lecho de la cuidad
para permanecer ahí un poco… así.

A medida que transcurre
el domingo antes de partir
no almuerzas bien,
porque emerge de golpe de tus bolsillos
todo lo que estás dejando a medias:

1.      un cuadrito pintado al acrílico.
2.      aprender bien esa canción para guitarra de palo.
3.      visitar los pueblos vecinos.
4.      redactar los siete tratados filosóficos que versan sobres las emociones y sentimientos del sudaca promedio.

Tampoco desayunaste,
te has levantado a una hora poco prudente.

El domingo antes de partir
te despiertas nublado;
se te olvidó si este viaje es de ida o regreso,
porque tienes tanto que dejar atrás para poder avanzar
y el aguacero que se ve allá encima sobre las otras provincias
trae nubes tan cargadas

“es un sobre dentro de un sobre
con una hoja en blanco
tamaño Chile”.

El domingo antes de partir
te vas a la cama destrozado y ansioso,
jamás se tuvo tanta inspiración como ahora;
es catarsis,
y bien la tienes para desperdiciarla
o es que no se captó la idea.


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